15/12/19
Clónicos. Deja de llorar
11/12/19
Macromassa. Nubla, Ignorant y Crek
"En las lejanas montañas no se duerme aquí" 1988 es una de las canciones del disco 'Espejo Rapidísimo Qinqen', que aparece también en la versión en video "Video Rapidísimo Qinqen".
Grabado en TRANSFORMADORS. BCN. Cámara: Carlos Alonso. Grabación cedida por la Biblioteca Vapor Vell. Gracias a Eduard Escoffet
9/12/19
Recordando a Jordi Benito
21/11/19
11/11/19
Sofia Bertomeu. Música electrónica desde Almería
En la primera publicación del sello Wet Dreams Records desde Almería, Sofía Bertomeu nos propone 15 situaciones de su existencia en forma de expresiones sonoras, influenciadas en gran parte por obras literarias ensayísticas en conjunción con experiencias vividas personales que la han inspirado a lo largo de los años 2018 y 2019.
Piezas que nos muestran a una Sofía Bertomeu en una clara expansión de su conciencia, las cuales podemos catalogar dentro de los géneros más experimentales del Ambient o del Dark Ambient, enriquecidos con toques Noise, encontrando incluso ritmos Techno bajo una estética de Musique Concrète. Sin duda una artista a tener muy en cuenta en el panorama nacional. Presentación y diseño muy cuidados, en funda doble de cartón.
Cortesia de ROTOR
http://www.rotordiscos.com/
3/11/19
Anton Ignorant_Tapes
30/10/19
La nit artificial, poema de Enric Casasses
Enric Casasses i Figueres (Barcelona, 1951), hijo del químico y poeta, Enric Casassas i Simó, y de la también química, Pepita Figueres i Cros, es un poeta, rapsoda y traductor en lengua catalana.
Bio
Ha tenido una vida muy nómada, viviendo en Barcelona, La Escala, Tenerife, Montpellier, Nottingham, Llumesanas, Berlín y finalmente, en 1997, regresó a Barcelona. También ha trabajado para editoriales de traductor. Sus primeros libros datan de principios de 1970, y con el tiempo ha ido logrando cierto reconocimiento dentro del panorama poético catalán.
Es un transgresor en comparación con otros poetas. Sus espectaculares recitales han contribuido a la vivencia de la poesía fuera de los libros. Se caracteriza por utilizar una poesía muy sonora, jugando con los fonemas. Normalmente sus creaciones parten de una idea concreta para transformarla y darle una visión particular.
Su obra muestra influencias muy heterogéneas, de la poesía medieval al surrealismo, pasando por el renacimiento y el barroco, el crítico Manuel Guerrero ha dicho que lo considera heredero «del verbo poderoso de autores como Joan Salvat- Papasseit, Josep Vicenç Foix, Joan Brossa, Joan Vinyoli o Gabriel Ferrater». El mismo Casasses ha confesado ser tributario y admirador de autores como Víctor Català, Mercè Rodoreda o Fages de Climent.
Su primer libro lo publicó en 1973, titulado La bragueta encallada. Durante los años siguientes sigue escribiendo, pero no es hasta el 1991 que publica su segunda obra, titulada La cosa aquella, obra que recibe el premio Crítica Serra d'Or y en 1993 el Premio de la Crítica de poesía catalana por No hi érem. Es entonces cuando empieza a entrar en el circuito comercial.
En la nit artificial
i has de viure fet a miques
sense mal
en la nit artificial
dolços són amargants discos
mort suau anul·la els riscos
perquè cal
en la nit artificial
de la glòria obligatòria
no hi ha cap escapatòria
sideral
en la nit artificial
la nit vera està malalta
som dolents perquè fa falta
i és igual
que en la nit artificial
val més ser-hi repatani
i estimar-se el soterrani
l’ideal
de la nit artificial
del cor al laboratori
de l’orgasme compulsori
comunal
quan la nit artificial
mata lletja mata guapa
mata rei i mata papa
tal i qual
santa nit artificial
sobredosi de tortura
mata tant com la nit pura i
no s’ho val
mala nit artificial
ja no et crec ni jo ton pare
ja no em sents quan et dic para
maquinal
rebombori artificial
ple de sofriments sintètics
ple de carnavals ascètics
infernal
cel de nit artificial
nit de llum què significa
que val més qui s’embolica
fins a dalt
en la nit artificial
la que amaga la rodona
on s’inclina la nit bona
la legal?
6/9/19
IP Poetry Guardianes del fin del mundo
Recordando EVENTO POESIA IP
Desde aquel lejano Abril de 2007
Bienal del Fin del Mundo, Ushuaia, Argentina.
Net instalación interactiva para cuatro IPP Bots colocados en la glorieta de la Casa Beban, a orillas del Canal de Beagle:
IPPB-1.1-D.ARTHUR IPPB-1.1-D.BORIS
IPPB-1.1-D.CHARLIE IPPB-1.1-D.DANTE
Los poemas de esta instalación
aludieron a los confines del mundo conocido y el imaginario de lo que hay más
allá. Como los “guardianes del fin del mundo” de la película Corazón de cristal
de Herzog, la única función de los robots poetas, instalados a orillas del mar
en el último confín habitado en el sur del planeta, fue la de vigilar y alertar
al mundo ante el avance de lo “desconocido”. A través del sitio web el público
pudo crear sus poemas IP, los que fueron recitados en la instalación en Ushuaia
y vistas por Internet en el resto del mundo.
1/9/19
Chernobil en 2019
Un inquietante viaje con cámara y dosímetro por la Chernóbil que la URSS no quería que viéramos
29 de mayo de 2019
- Con
motivo del éxito de la miniserie sobre la catástrofe nuclear, hablamos con
dos fotógrafos que han documentando de cerca los efectos del desastre que
paralizó a medio mundo en 1986
- “Al igual
que las personas visitan Auschwitz para ver los efectos del exterminio
nazi, también deberían visitar Chernóbil para comprobar las consecuencias
de descuidar la energía nuclear”, apunta el fotógrafo polaco Arkadiusz
Podniesinski, que trabaja en la zona desde el año 2008
- “Es
sorprendente cómo algo sin presencia física detectable sin un instrumento,
pueda ser tan dañino”, explica sobre la radiación el fotoperiodista David
McMillan, que ha visitado el área en 22 ocasiones
Chernobyl se ha convertido en la mejor serie de terror del año cuando ni siquiera
forma parte del género. Tampoco es ficción (o no del todo). El desastre nuclear
que paralizó a medio mundo en 1986 fue una realidad que todavía hoy lidia con
las consecuencias, tanto humanas como naturales, de aquella noche en la que el
reactor número cuatro de la central Vladímir Ilich Lenin estalló por los aires.
Ardió durante 10 días y contaminó más de 142.000 kilómetros cuadrados, desde
Ucrania hasta la ciudad rusa de Briansk, pero podría haber sido mucho peor de
no ser por los héroes anónimos que sacrificaron sus vidas para evitar un daño
mayor. Chernóbil, entonces parte de la URSS, nunca volvió a ser lo mismo.
La producción de HBO ha vuelto a poner el foco en un
incidente que 33 años después continúa despertando la fascinación y el miedo de
muchas personas. El fotógrafo y cineasta polaco Arkadiusz
Podniesinski es una de ellas. Lleva documentando Chernóbil desde 2008,
pero es consciente de su magnitud prácticamente desde que era pequeño. “Ya en
la escuela primaria me dijeron que bebiera yodo de Lugol para evitar que mi
cuerpo absorbiera los isótopos radiactivos”, explica a
eldiario.es recordando un momento que, según este, marcó sus proyectos
fotográficos posteriores. Así lo demuestra el fotolibro HALF-LIFE: desde Chernóbil hasta Fukushima, con el que
pretende “ayudar a los lectores a comprender la gravedad de este desastre para
que saquen sus propias conclusiones sobre la seguridad y el futuro de la
energía nuclear”.
Podniesinski también ayudó a Craig Mazin, productor y
guionista de la serie de HBO, a descifrar rasgos de la mentalidad ucraniana de
la época o incluso a acceder a determinados emplazamientos en los que querían
rodar. “El mayor mérito de la serie es mostrar las consecuencias de la mala
gestión, de las negligencias y de las mentiras en las que se basó toda la Unión
Soviética”, apunta el cineasta.
Los responsables de alertar al pueblo consideraron que no
tenían que divulgarlo porque, de lo contrario, demostraría la fragilidad del
bloque soviético frente al norteamericano en una era de tantas tensiones como
la de la Guerra Fría. No reconocieron los hechos hasta dos días después de la
explosión, y siguieron ocultando información de vital importancia hasta mucho
tiempo después. “Los intereses del imperio eran más importantes que la salud
humana”, agrega el fotógrafo.
La zona de alienación (o zona muerta, entre otros nombres),
un área de 30 kilómetros alrededor del reactor, fue evacuada y acordonada. Sin
embargo, el lugar del que hace tres décadas escaparon miles de personas hoy
paradójicamente atrae a profesionales (y curiosos) como el estadounidense David
McMillan, que lo ha visitado en 22 ocasiones. Es también autor del libro Crecimiento y decadencia: Prypiat y la zona de exclusión de
Chernóbil (editorial Steidl), en el que se puede ver cómo han cambiado
las instalaciones con los años. Las ruinas, cada vez más presentes, han dejado
paso a la vegetación y la fauna salvaje. Como si alguien hubiera apretado el
botón de reiniciar.
A los ojos parece que todo peligro se ha difuminado, pero
las llamadas “áreas calientes”, aquellas en las que la radiación fue más
intensa, todavía son puntos señalados en rojo en el mapa. “Es sorprendente cómo
algo sin presencia física detectable sin un instrumento pueda ser tan dañino.
No hay una diferencia aparente cuando se mira un área limpia y una
contaminada”, dice McMillan. No obstante, según Podniesinski, normalmente el
riesgo se reduce a seguir las reglas de seguridad apropiadas: “Usar ropa protectora,
máscara y limitar el tiempo de exposición”. “Sin embargo, si alguna vez tengo
cáncer, todos dirán que se debe a Chernóbil”, apunta con ironía.
El cineasta polaco
destaca tres zonas a tener en cuenta: el Bosque Rojo, que recibió casi todo el
humo contaminado; partes de la ciudad de Prípiat, construida en los años 70
para alojar a los trabajadores de la central; y, tal y como puede verse en
la serie, el sótano del hospital al que fueron llevados los primeros bomberos
que intentaron apagar el fuego. “Sus trajes estaban tan contaminados que nadie
sabía qué hacer con ellos, así que los dejaron en el sótano. De hecho, he
visitado este sitio muchas veces y allí siguen”.
Y es que, si los
exteriores de Chernóbil son desoladores, esta sensación se multiplica cuando la
cámara se adentra en casas o centros médicos, en aquellos sitios donde los
ciudadanos desarrollaban su vida normal. “Inicialmente pensé en fotografiar
paisajes, pero los interiores me conmovieron, especialmente las escuelas y los
jardines de infancia. Hubo algo que tuvo mucho que ver: sabía que el accidente
afectó a muchos niños y tenía la idea de tener mis propios hijos”, considera
McMillan.
En cambio, lo que más
llama la atención de Podniesinski no son los edificios abandonados, sino cómo
antiguos residentes han decidido volver a sus hogares a pesar de las pésimas
condiciones y de las advertencias del gobierno ucraniano. “Son principalmente
mujeres de unos 70 años, enfermas y privadas de atención adecuada. Hay
aproximadamente 150 ancianos, y ese número disminuye cada año”, añade el
cineasta sobre los llamados samosely (en español, colonos). No temen
a su destino porque ya está escrito.
Chernóbil, ciudad de
vacaciones
Ambos fotógrafos
coinciden en que no fue fácil conseguir el permiso oficial necesario para
traspasar la zona muerta. “Fue un reto. A través de una serie de conexiones me
dieron el número de un cineasta ucraniano que hablaba inglés y había filmado en
la zona, por lo que conocía a algunas de las personas que administraban el
área. Con su ayuda y la de alguna moneda obtuve acceso”, recuerda el fotógrafo
estadounidense.
Pero ahora todo es
mucho más fácil. La Zona abrió sus puertas al público en 2010, y solo basta una
búsqueda en Internet para encontrar páginas que ofertan el pack completo: mascarillas y
dosímetros con visita incluida a las bábushkas, “las abuelitas de
Chernóbil”.
“Transformarlo en una
atracción turística masiva ha sido el sueño de todo gobierno ucraniano tras la
tragedia. A raíz de esto llegaron empresas de todo el mundo para ofrecer
experiencias extremas a un precio asequible, así como hoteles, tiendas de
recuerdos que venden imanes que brillan en la oscuridad, bolígrafos e incluso
preservativos con el signo radiactivo en ellos”, lamenta Podniesinski, quien
añade que “lo que no ha sido destruido por el paso del tiempo hoy está siendo
destruido por la gente”.
No todos los
grupos se ajustan a protocolos oficiales. Los autodenominados
como stalkers [personas que se cuelan en la zona en busca de
'tesoros' radioactivos] recorren cientos de kilómetros por vegetación
irradiada, duermen en cobertizos abandonados y contemplan el amanecer sobre la
ciudad de Prípiat. Todo ello, por supuesto, de forma ilegal. “Te sientes como
la última persona de la Tierra. Deambulas por caminos, ciudades, pueblos
vacíos. Es una sensación mágica”, indicó uno de ellos a la revista National Geographic. “Para ellos es una aventura, como el
paracaidismo o el montañismo. Algunas personas realizan actividades de riesgo
para demostrarse algo a sí mismas”, asegura McMillan.
Pero, al margen de las
visitas y al margen de la ley, ¿aporta algo contemplar el reactor cuatro con
nuestros propios ojos? ¿O es solo morbo? Según el director polaco, “al
igual que las personas visitan Auschwitz para ver los efectos del exterminio nazi,
también deberían visitar Chernóbil para comprobar las consecuencias de
descuidar la energía nuclear”. Continúa diciendo que es necesario concienciar
de lo que puede provocar “el descontrol de la energía nuclear”, aunque, a
juzgar por los hechos, parece que las lecciones no han servido de mucho.
Los accidentes
nucleares no son problemas del pasado. 25 años después de Chernóbil, el mismo
miedo volvió a sacudir el planeta cuando una escena similar se repitió en
Fukushima (Japón) tras un terremoto. “Las causas de ambos desastres fueron
diferentes, pero los efectos económicos, sociales y de salud son casi
idénticos: la emisión de una gran cantidad de isótopos radiactivos a la
atmósfera y al océano, la contaminación de miles de hectáreas de tierra, la
evacuación de cientos de miles de personas, el tiempo y los millones de dólares
que costará eliminar los efectos del desastre”, enumera Podniesinski, que
también se desplazó hasta el país del sol naciente para comprobarlo. Deja
además una hipótesis en el aire: “Quién sabe, tal vez la segunda temporada de la
serie tenga lugar allí”.
7/8/19
Muere Anton Ignorant
1/7/19
19/6/19
Eduardo Haro Ibars (1948-1988)
Un autorretrato" (por Eduardo Haro Ibars) --poema--
Cae la mano derecha avión perdido
se posa en gritos jóvenes y en árboles
de intensidad variable donde te encuentro viva
Mano izquierda en Madrid de madrugada
(el decorado es parte de mi cuerpo)
inventa con un gesto algo cansado
escaparates donde está tu sombra
vestida de tormenta y de semáforos
(A lo lejos
escucho acentos música de aquella
que nos acompañó cuando moríamos
perdidos en el día y sus fantasmas)
Ojos desgranan horas y misterios
perdidos en lo oscuro de su luz
intermitentes dicen algún nombre
algún recuerdo que bebimos juntos
(no hará mucho ¿has perdido
su cuerpo en tu desván? ¿o lo mantienes
en alcanfor y en vino diluido?)
Ojos tan fijos en tus cielos siempre
que romperán la escarcha
(sólo porque me aburro si no tiemblas conmigo)
El rostro entero es animal de noche
animado por ángulos tan bruscos
se diría que intenta hacerse ambiente
paisaje para ti lámina blanca
donde imprimir tus signos
El rostro es campo donde batallamos
cuando buscamos tiempo en el deseo
(¿Te acuerdas de esa calle? ¿de ese bar sin fronteras?
¿de ese muchacho al parecer alegre
que nos miraba fijo y que silbaba?)
Mi cuerpo es una historia de dragones
(te encuentro siempre en sus esquinas duras
y te pierdes a veces en mi noche)
Mi cuerpo es una máquina de juegos
infinito billar multiplicado
y en él quiero moverme muy despacio
hasta hacerlo tu mundo y tu sentido
(pero tú te hipnotizas y te alejas
y eres de pronto un barco sin sonrisas)
Casi no hay venas en mis brazos ¿sabes?
casi no hay avenidas de suicidio
Carreteras cortadas
callejones
sin salida aparente mis arterias
donde a veces te bañas y eres calma
y eres mensaje eléctrico de agujas
y eres voz verdadera de este mundo
Y no olvido mi sexo ese hormiguero
habitación de noche sin ventanas
Mi sexo guante de cazar esponjas
sexo escorpión que bebe lo que olvidas
allí en la cima oculta y tan difícil
donde los niños hacen los libros de hiedra y duro despertar
Ni mis piernas
17/5/19
1/5/19
Maria Galindo. Anarcofeminista y poeta
14/4/19
Cioran...retazos
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"Los hombres no saben ser inútiles. Ellos tienen caminos que seguir, puntos que alcanzar, necesidades que realizar. ¡No saborean la imperfección, cuando el “sentido” de la vida es el éxtasis de esa imperfección! "
7/2/19
12/1/19
Ana Mendieta. Silueta series
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Observa desde el interior de la tierra.
Existe por encima de todo, la búsqueda del origen (Mendieta 216).
'Como exiliada, Mendieta poseía una identidad fronteriza. Su arte se presenta como un instrumento de negociación entre una cultura perdida, ausente-presente cubana-caribeña y otra cultura implantada-adoptada desde su residencia en los EEUU. Esta identidad fragmentada es un punto clave para entender la obra de Mendieta.'
Mª del Mar López-Cabrales
9/1/19
Estefanía Cabello
Dos: ya casi no podemos distinguir entre lo que nos acaricia y nos aplasta.
JORGE RIECHMANN ('Isla Nuncaira')
Las ventajas de no tener un hogar
es que puedo vivir en todo lo habitable
incluso lo que otros conocerían como ridículo,
esas montañas, ese montoncito de tierra
que se convierte en mi nombre,
los labios que me vieron besar por última
ves, un fragmento de aire, una fotografía,
un país, --ninguna patria,
ningún reino reconocible--,
toda la belleza alrededor.


















