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1/2/15

Pedro Montealegre ha muerto


Yo, cuando sea mayor, querré ser poeta chileno. De la estirpe de De Rokha, Neruda, Huidobro.  De la de Javier Bello y de la de Yanko González ...
...O de la de Pedro Montealegre (Santiago de Chile 1975-2015). Su poesía --torrencial, tan directa y cervical como hecha a golpes, a forjadas de cuchillo, como troceando la carne sótano del mundo.
Pedro Montealegre vivio en España, casi a orillas del Mediterráneo valenciano, durante algunos años y formó parte de la Unión de Escritores, esa panda de zíngaros estupendos que se esconde detrás de las conspiraciones de "Lunas Rojas", del colectivo "Alicia Bajo Cero" y del II Foro Social de las Artes. Algunos lo abrazamos en Moguer durante los encuentros de Voces del Extremo, que paradójicamente ese año celebraron la Poesía y la Vida con todo su esplendor, y donde Pedro nos cautivó a todos con su verso, con su sonrisa amplia, con su afecto sin límites en una noche de cante jondo y cielo completo.

Enrique Falcón, Antonio Orihuela

21/1/15

Pedro Montealegre... In Memoriam


Pedro Montealegre (1975-2015) periodista y licenciado en comunicación social por la Universidad Austral de Chile. Ha realizado el doctorado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universitat Jaume I de Castellón. Residió en Valencia desde el año 2001 y regresa a Chile en enero de 2014.  Como poeta ha publicado los poemarios Santos Subrogantes  (Ediciones de la Universidad Austral de Chile, 1998); La Palabra Rabia (Editorial Denes, Valencia, 2005);  El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2006);  Transversal (El billar de Lucrecia, México D. F. 2007); Animal Escaso(Ediciones Idea, Las Palmas de Gran Canaria, 2010) y La Pobre Prosa Humana (Ediciones Amargord, Madrid, 2010)
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Fue la deflagración: la bomba hizo verbo. Estudiantes en llamas, llena la boca con plumas de Fénix. Caras destrozadas, pureza del vidrio, triza transparente –es pregunta– opacada por hollín, grasa subcutánea –la impregna–, el corte: cada trozo refleja: cara igual cascada. Indigestión de un auto lleno de explosivos, ¿una perra de metal? Caballo no, Troya no, no un zeppelín, su forma de vientre. Aunque esté preñado. Es un toro preñado, el cronómetro de un toro con huevos enormes. La universidad ardiendo. La llama –¿qué es?– no es camélido aquí. La llama no es toro, huevo de triceratops. No la gallina propiedad de un gigante. Huevos de oro. La universidad ardiendo, una pinza y qué más. De oro. Acecha. Su oro. Pico robot de cigüeña. Acecha. Y piensa. Y punza. Una pinza quirúrgica sacando el vidrio. No mirada de un ángel viejo, el ojo explotado –la sombra de un mendigo– que pasaba por allí. Dientes de ceniza. Dientes poco antes dos fénix luminosos. Belleza del vuelo cuando sube por el ojo –es un vehículo– y lo incuba: no parece ya un ángel, sí una cigüeña. Viene la zancuda, se devora al Fénix –una carpa coi roja o uno de esos dientes, sí filo, sí ruta–, y luego empolla un huevo del que nace un hijo. Le llamaremos humo. Le llamaremos automóvil aparcado en la universidad. El automóvil volviéndose un minúsculo vidrio. La política de la detonación, la música celeste que dejaron levitar, como si llevaran un jilguero: el momento en que el jilguero convulsiona y muere, al interior de una mina, porque viene el grisú. Un auto-bomba, una pequeña mina de oro, pero el grisú es negro. Los trozos de vidrio enterrados en la carne son un beso de carbón, una estrella de ceniza que llamaremos poema: la política del asesino circunscrita a la humanidad, las humanidades ardiendo, uñas de arena derretida en la cara: la réquiem coral cara al golpe y al disparo: mientras somos jóvenes –gaudeamus igitur–, no seamos graves.

publicado en Periódico Literario CARAJO Chile 
--> Ir a su pagina de  Fb

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PEDRO MONTEALEGRE en Universidad Chile publicaciones


PENITENCIA

Caigo
de cara en tu charco
Mis rezos son musgos flotantes
que miras extasiado desde el cielo
Retorno de rodillas a la urbe que me diste
Me vuelvo estaca, poste de luz, no puedo conmigo
y me das la cojera. No me mendigo a mí mismo
para encontrarte entre todos los cartones
Quizás si me invitas cerveza
hablemos de gloria y redención
Cuando esté borracho convénceme de lo que quieras.

PISAS MI ESPALDA
Ya no
duermo en la
memoria del paraíso
tal vez de una calle
donde los niños agitan
su corazón como basura
Ya no lustro los silicios de la lluvia
Putrefactos los peces de la conciencia
no son una pared en la que rayes
garabatos y corazones anónimos
Y yo no soy un muchachito que por gloria
se subiría al auto de cualquiera.

LOS POSESOS

... A Quercipinion
No es malicia
que luzcamos placentas al salir de la misa
mientras adúlteros y extasiados
lamemos los cirios del último sacrificio
Es delicia
que desde el fondo de la lápida
en la pared más oscura de la iglesia
abramos las piernas a los demonios
y clavemos entre ellas la cruz.

SALMO HÚMEDO

Si yo te regalara esta lluvia y bendijera las vertientes que fluyen de ti, sólo así la humedad me daría tu inocencia; la tormenta vararía en los corales de mis brazos, si no te regalara. Si yo me volviera acaso un pez en tus manos, un charco transparente que te moje sólo a ti, el sonido del delfín no sería necesario: sólo la caricia de mi lengua te estremece. Mi desnuda suplicante, que te vuelves olorosa como un limón partido en cuatro, como una jaiba que encumbra su poder de oleajes, si te partieras en mi boca como una grosella, cerraría los ojos; dormiría en mi muerte; abriría tus ramajes, treparía hasta tu copa y bebería las luciérnagas que habitan en tus dedos.

SALMO SUICIDA

Lanza al aire tus esferas del escándalo. Se ríe de sí mismo cuando explotan en la nada y se vuelven nueces o pájaros nocturnos. Sus ojos ladran como un perro enfermo; sus manos son dos hechiceros sobre el fuego; su voz no existe; su cuerpo repta como un galápago a la espuma. Helo aquí, saltando hacia la hoguera: hierve su saliva como un pez sobre el salar; cruje su diafragma con sonido de viento. El arlequín, el arlequín está abierto. Aún sonríe, de cara al polvo, entre tus esferas apagadas.
de Santos subrrogantes (Valdivia, Universidad Austral de Chile, 1999)

GÉNESIS

Comencé como un doble. Negando y negado, al renacer tanto higo
y no madera de su árbol, la cerveza y no cebada de una espiga, una sola,
y el alma en almácigos con la voz de mi mortal, con el pie de mi inmortal,
con el agua por delante: una fuente en el mundo y dios todo para mi sed.
Comencé las ilíadas sin parte, ni linaje.
Así me despedían: blanco entre las sábanas colgadas al aire
y hambriento por la forma, la verdad de un leño ardiendo: un fénix
con su pico atragantado de cenizas. Yo el funesto de los ojos
arrugados como vientres. La mancha sin causa en la madera fosilizada:
tu huella, la mía, formando un mosaico. Un vitral que consagra
tu memoria a una imagen. La nave de un templo que guarda los deudos:
mi cirio goteando tu poco de muerte.

PADRES

No venía al caso gritar, escribir, morir con el tinte
del amnios en nuestras caras: sí hallar a los hijos
que enredaron su planta en la misma hiedra
que nos hizo caer. Hablarles al oído: su sueño
tornándose un estado de gracia.
O que fueran las horas estos hijos de leche.
Les pedí que levantaran la hojarasca,
que me vieran las piedras: mi corazón allí,
el ramaje, la espesura. Ellos se levantaron,
sus ojos de arena. Ellos me dijeron
que mantenga la mirada. Y yo les mostré
nuestras barbas de padres.
Y ellos nacieron de nuevo,
pero de pie.

HERMANOS
1
Caían verdes los niños. Yo era uno de ellos,
buscando el molino, la memoria de verse
como una espiga más sobre el viento. Otra piedra
que ponga su peso en la memoria: renaciendo
la voz y el miedo a los rastros. Las estrellas dispersas
en medio de la taza, vestidos de blanco, rezando a las frutas
para que abran su estigma como un poco de voz.
Caían verdes los niños. Y los padres trenzaron
la niebla del mediodía, rompiendo ese vidrio.
Nacieron de las flores, a la espera del vuelo
que los hizo siemprevivos, sin rayo, ni lluvia.
Y yo supe que la vida es un cerco de líquenes
y que las horas son hermanas que peinan sus muñecas.
Caían verdes los niños: mis manos de aserrín,
cayeron después y no alcanzaron a recogerlos.

OFERTORIO
3
El camino hacia tu infierno está lleno de avellanas:
caminando me llevo a la boca algo de ellas.
¡Son mis pies los que dejan esta huella en el carbón!
Yo prefiero ser tu látigo, aunque no pondré mi rostro
en tu esponja de vinagre ni en tu paño de ramera.
¡He hurtado las monedas como todos los muchachos!
El sudor de mi mano tiene espumas de mar,
y mis dedos son finos como un hilo de seda.
¡Deja mortalizarme! Yo no quiero ser Midas,
no pretendo que mis dedos vuelvan oro cada cosa.
Córtame las plumas, que prefiero embriagarme:
dame un vaso y acompáñame. No pretendo ser Dédalo,
sino un ángel borracho que te beba como un hombre.
4
No pretendo esta miseria: yo no soy tu ciudad.
Ponte en cuatro, que aparezco; en setenta veces siete.
En tres ejes tu gloria se jura perfecta.
Tiene voz de niñita. Pero un niño como yo
va buscando sus heridas: aunque tú eres mi padre,
aunque yo soy el tuyo, no me seas vendado.
No me sean tus ojos quemados con carbones:
esta gloria no es un beso entre niño y niñita.
Camino con todos adonde las calles se repartan,
acaso como un delta, el mismo río que te nombra.
Así fueran los siglos un trigo para aves,
yo soy tu amortajado -¡Dime, tú, en qué vientre!-
tu piedra, como Biblia, transparente y único,
bajo un mar de medianoche. Pero no tu ciudad.

ANDRÓMEDA

Dijiste que hagamos otro padre sobre la tumba; que veamos los lirios
como cuando se humedecen las enaguas de tu madre alrededor de la noche.
Pero tu madre se contenta con cerrar los ojos, amarrarnos a la roca
con sus cabellos de madre, lo mismo que amarrara un ahogado a una burbuja.
Y por más que lo pidas, no vendrá ni un nautilo a apoderarse de tu cabeza,
ni me hará menos libre del semen de mis hermanos. No verá esta rompiente,
ni blancos los nudos de espuma en la recogida. Menos confundirá
nuestras entrañas con algas: los ojos de mi padre tras la impureza de la ola.

LA LLAMA

Tengo fiebre y tu mano me fue helada: era tuyo este signo de mi espanto.
Tengo muerte, y tu mano me fue canto, y me ciegas con tu ojo, y soy la nada.
Tu signo es como vaso, y lleva un signo, más otro por ventura de tu abrazo,
sin fin, en la ceniza yo lo cazo; y el rostro -que es el mío- le persigno.
Por más fría que estuviese tu mano, tu signo es mi retorno, y yo me agacho,
aunque ardiente en tu beso, lo reboto, y retrocedo al beso de mi hermano:
el signo de mi espanto era un muchacho, mirando cómo humea su Dios roto.
De El hijo de todos (inédito)

LA MORADA
1
No trates de hacer tu cama sobre el frío, que los gorriones dolerán:
yo tengo en mi casa unas jaulas con gorriones y se morirán todos
si es que tienes frío: y las jaulas torcerán sus barrotes sobre mi cara
si es que no te prevengo, si es que yo no te tapo con un trozo de pan.
Sobre un gorrión dormido en la estrella polar, yo no haré mi cama,
y no me haces caso. Tú no me sigues y caes sobre el viento,
y le mendigo a la noche un pedazo de cobija. Y te vuelves morado.
Le mendigo a los perros un trozo de piel para no ver tus dientes.
No trates de hacer tu cama sobre el frío ¡No estaré para lavarte!
No estaré para darte el vapor en la frente, leyéndote las aguas.
No estaré para contarte la saga de mis padres que un día partieron
a la aurora boreal -más allá de estos pastos- con zapatos de hielo.
Yo tengo en mi casa unas jaulas con gorriones y se morirán todos
si es que yo me olvido y no fundo los zapatos que tú te pusiste.
2
Yo tengo en mi casa una estrella de mar. Yo mismo la busqué:
puse aire en la alforja y fui a lo abisal a encontrar esa estrella,
porque la quería en tu barba, para que me vieras la albura
por debajo de la ola: yo quería también que tocaras la medusa
que me late acá adentro.Y si era dado de que a ti te gustara,
si es que te araba esa estrella y te la guardabas al fondo,
no tendríamos frío y cantaríamos la espuma igual que delfines.
Me dirías lo mucho que sabe una sal en los ojos: el mar,
ese ojo que espera tragarnos como yo. Tan igual. Otro ojo:
y espero tragarte. Y espero que sientas la estrella marina,
porque mi casa es la estrella, porque mi casa es el mar.
Y espero que haya un mar que te extienda hacia adentro.
3
Yo tengo en mi casa una página de libro: y tú lees y lees,
y como si fuera metáfora, veo que vas por el borde de una hoja,
como si fuera por el borde del tintero celeste, del mismo
que marca tus huellas y deja una estela de su propia saliva.
Digamos que tú te querías celeste, porque la tinta lo puede:
te quería en la impudicia, con la hombría de mi esposa.
Tu longitud de niño que se tienda en la tinta igual que en su cama,
y por más que chapotee, no vea reseca ni oleada su cal.
Pero no quieres leerte en mi casa, y te leo: asimismo te abro.
Imagino el jardín y las manzanas podridas por tanta llovizna.
A ti no te importa, porque vas colocando sobre ti las manzanas,
y las cuentas de a una mirando lo que hago. Y yo no hago más
que imaginarte -y te leo-; te lavo -y te leo-; y te quito el barro,
porque en mi casa no hubo barro más que yo y mi tinta.
Y lo sabes bien, y por eso vienes sobre un insecto y cuidas
que la tinta se espese. Y que yo me espese. Y me quede quieto.
4
Yo tengo en mi casa un puñado de hojas, y veo que el día
me las hace tierra. Yo veo que el día desnuda su esqueleto,
y las vuelve óxido. Y a ti no te importa porque vas desnudo:
tu nervadura articula el lenguaje del silencio. Y sabes que ella,
la muerte redonda, cabe en el clavo que afirma mi casa:
un pilar, una esquina, el cajón de un mueble. Y tú vas desnudo,
porque la muerte es el ropaje que no logra cubrirte,
así como mi casa me cierra los ojos y roza mi mejilla
con el mismo soplo con que apaga la vela. Yo tengo en mi casa
un puñado de hojas y vas con tus párpados y ya las barres.
Y todo el misterio es claro como un huevo, y la cáscara de calcio
te será nutritiva si la mueles con las palmas. Y todo el misterio
es tu voz de muchacho, tus cimientos de muchacho: esas manos
que saben tomar el insecto de la muerte y treparlo por los dedos
hasta que vuele a la bujía. Mi casa es la bujía. Y adentro te llamo.
(inédito)

7/9/13

Inédito de Pedro Montealegre

(poeta chileno residente en Manises)


2

La vanidad y su pequeño hilo de aceite. Creo que invento cosas, hincho el pecho y me sale un gorrión aleteando de los testículos, una flema transparente parecida a una medusa. No es extravagancia. Es simplemente mirar. Cuando deserto y me harto de
paracetamol o antibióticos me imagino que son gajos de una mandarina, creo que invento cosas nuevas, viene un libro reptando, se ríe de mí, me quedo con el epigastrio y el esternón a dos manos. El problema es el mal. Creo que invento. El error se tuerce en las uñas mientras escribo. No me traiciono al decir mesa a mesa, silla a silla, hombre enfermo a hombre. Ojalá hubiera nieve. Pero seca. Hielo de aislapol como si alguien moliera los dientes de un caballo. Tengo la imaginación por los suelos. Escribo como todo el mundo. No hay trabajo. No es el escapismo de Houdini. Creo que invento cosas pero la muerte husmea. Afuera de mi cueva hay aire puro. No me gusta la atadura, ni la pronunciación de ese negro. Es mentira, afuera la cola de desahuciados camina hacia el final. Escribo como todos. No hay trabajo. Un índice en mi pecho traza una cruz con pomada de mentol.

( inédito)
por cortesía de Viktor Gómez

28/5/10

Pedro Montealegre. Animal escaso

Foto de Menkar

barro nutricio sobre el cual se escribieron La palabra Rabia y Transversal, ha decidido finalmente abandonar su madriguera Animal Escaso. Padre y madre de los libros anteriores, los crió y vigiló desde su cuidadoso silencio. Ediciones Idea (Atlantica) de Tenerife se la jugaron por publicarlo. Estos poemas fueron escritos entre los años 2002 y 2005, aunque se han ido puliendo y decantando hasta hace poco. Corresponden a un registro fósil de una escritura antigua que desea aparecer, tardía, cuando sus hijos ya están crecidos, y oponer de esa manera su diferencia y romper con la unidireccionalidad de la progresión o evolución en el proceso de publicar.” Pedro Montealegre.

- - - -

Crónica: Recital en Librería Primado, 27 mayo 2010. 19.30 h. Pedro Montealegre (Santiago de chile. 1975) residente en Manises nos hizo temblar esta tarde cargada de nubes de tormenta en el altillo de la librería de Miguel Morata. Pedro arrancó después de la intro del editor Ernesto Suarez, elevó la voz y se adueño enseguida de todo el espacio escénico, golpeando sobre la mesa el libro con pasión, con una fuerza volcánica que vomitaba imágenes intensas, real y surreales en un (a mi parecer) único poema-libro, el poeta se entrega al lector, al oyente, se desnuda y nos muestra su laberintico interior, una vida irradiada por la poesía. Sin duda Pedro domina un amplísimo vocabulario, es culto y leído, se perciben sus influencias y lecturas pero consigue una voz única, aunque lleva tiempo con nosotros no ha perdido esa aura chilena que le hace peculiar en nuestro vieja Europa. Su lectura nos dejó anonadados a los asistentes cumpliendo a la perfección el ritual de entrega que debe realizar el poeta hacia los otros, el compartir su visceralidad y su universo. Buen libro Sr. Montealegre, recomendable su viaje interior, su animal escaso.

Félix Menkar

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Un avance de "Animal escaso" extraido de su blog: http://montealegrepedro.blogspot.com/


Materiales

1

El frío te roba la cara. Te sienta en un plato con hielo.

de esa forma –embalsamado– las agujas te marcan. Eres

estalactita –o casi no. Alfiler nacido de roca. Te tiran

granos de miel, arroz dulce –de puro gélido– y subes, silbas

por la onomástica –la ciudad–: el esputo, la pelambrera, la

resaca de la nube –se te da íntegra, a la inversa, toda

congelada– agrisando el vidrio con moho; llaves

no te entran, la bondad de las estufas: el calor de afuera

no convence. Hay blanco. El frío te roba. Te lija. Te hace

resbalar por la escalera: flor soplada para empalidecer el texto,

nieve que sube y no al revés. Una vela de hielo, tu esternón

humeando.

Lo que se consume es más, tos teñida de azul: afuera te quitan

la cara de un corte: lengua, gillette. Te pegan el rostro de un perro.

De una perra vieja –la enterraron bajo el cirro. No caía lluvia.

No habían gotas, nada líquido. Sí escombros. Clavos dulces.

Esquirlas de una bomba fría, arcángel con sonido de un copo

al tocar la hojalata. Te tragas el puñal –mejor amigo– el tallo

fino de la mosqueta: el capullo afuera no significa nada

más: la asfixia. La fobia. La afasia. El frío te roba: es el sonido

de la cuchilla, su reflejo, el mismo del hielo al hacer la incisión.

Un perro apaleado en la calle gime –tu cara se le descose– la nieve

se hace púrpura, caramelo sobre un helado. Comer o no.

2

Es verdad: hay frío. Rocas de sal. Coraza

de cangrejo, otra roca –espera comerse ese hueco de pozo.

Cruje el desierto, su metro cuadrado, la orilla, la espuma,

cuencas de gaviota –devoradas por quimeras, gotas de vapor.

Y el dolor, mirar: sílex, yesca, llamarada, desconcharse

una piel sin caerse del todo, cerros haciendo visible el lugar

de una muerte –tácita– pero sin deteriorarse, momias,

cruz de manos

parecidas a sed. La lágrima, síntesis de un pequeño salar.

Los flamencos, de esa agua venenosa, filtran algo y les nutre.

Y tú, que cuando hablas te agrietas el pecho, oyes la rotura

de una quijada cayéndose –se entierra en sedimento, rumor de

escarabajo.

Entiendes de piedras (estás hecho de ellas). Un jirón de piel

sostiene lo ínfimo, agujero negro de bala, soga donde la pirita

ha sido alfabeto. Es verdad. No hay frío. Ni agua. Una libélula

voló directa al nervio. Dunas lamen dunas. No puntos

sino enormes granos de arena. El desierto limita con el mapa.

No barcos. El calor hace ulular las imágenes. El espejismo

es el espejo de los muertos. Y tú, que vives, sólo ves el rojo

galápago, sal en retirada, ventisquero, quemadura

que es aire.

17/4/08

Naufragio en los bares


Naufragio en los bares

Mestizaje de poesia. Naufragios y encuentros. Recital con un imaginario y un acontecer imprevisible…Imperdonable el no asistir.

El próximo sábado 26 de abril se inicia en Valencia el Primer recital de poesía Naufragio en los bares, que sitúa la poesía como núcleo de encuentro entre las personas.

Participarán en él poetas de toda la geografía española y latinoamericana.

Las voces de más de veinte poetas se mezclarán en un ambiente de solidaridad en el que cada uno ofrecerá su percepción del mundo a través de la musicalidad poética.

Entre los objetivos de este festival está el de ofrecer una visión del mundo no sólo desde distintas geografías sino también desde distintas experiencias, edades y profesiones, además de compartir un buen rato.

“La poesía cumple esa función: reúne a personas muy diversas que “nomadean” hasta los puntos de encuentro para recitar en un encuentro popular, descentrado y móvil.” – explica uno de los organizadores.

Este recital presenta la interesante característica de aunar a poetas veteranos y reconocidos conpoetas nóveles, es el reflejo de un acercamiento real en el que los sentidos interactuarán sobre una base de amistad y tolerancia.

“Ángel González dijo que escribir un poema se parece a un orgasmo, yo creo que leerlo y recitarlo también, así que, está claro, la poesía es otra forma de hacer el amor.” –explica el alma mater del proyecto que insiste en no querer asumir el protagonismo de un proyecto de semejante envergadura.

El encuentro tendrá lugar el sábado 26 a las
19:30 en el café de Las Horas (Cerca de la Plaza de la Virgen) y contaremos con la presencia de los siguientes poetas:

-Pedro Montealegre (Chile),
-Laura Giordani
(Argentina),
-Enrique Falcón (Valencia),
-Antonio Méndez Rubio (Badajoz),
-Garikoitz Gómez Alfaro (Madrid),
-Álvaro Yebra (Valencia),
-Adolfo González (Cuenca),
-Uberto Stabile (Valencia),
-Elena Areta (La Rioja),
-Sergio Castillo
Pelegrín (Valencia),
-Kebrantaversos (Toledo),
-Arturo Borra (Argentina),
-Ana Pérez Cañamares (Tenerife),
-Agustín Linuesa Cáceres (Valencia),
-David González (Gijón),
-Félix Sevilla,
-Antonio Martínez i Ferrer (Alcácer),
-Lluís Pons Mora (Palma de Mallorca) ,
-Víktor Gómez (Valencia),
-Jesús González(Madrid),
-Elena Escribano,
-Eddie (J. Bermúdez),
-José Luis Falcó,
-Javier Gil,
-Raúl Nuñez en boca de sus amigos
-Luciérnaga.


Posiblemente contaremos también con alguno de los poemas de Mayka y Mark.
Y le agradecemos a Mark la ayuda (por no decir toda la ayuda) con el cartel.

El cartel es una adaptación de una FOTOGRAFÍA DE CHEMA MADOZ.





El cafe de las Horas c/ Conde de Almodovar n º 1 ver estrella en mapa