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22/5/15

Jose Miguel Ullán. Escritos sobre arte

Los nombres y las manchas. Escritos sobre arte
                                                                             José-Miguel Ullán. Foto: Archivo
José Miguel Ullán (1944-2009) fue un poeta vanguardista, que es como decir que su obra tenía más que ver con las palabras que con los sentimientos. Además, desplegó una importante actividad cultural (fundador del suplemento Culturas de Diario 16, cofundador del Salón de los XVI, creador de la colección de Poesía / Cátedra, guionista de programas culturales en radio y televisión). Y antes de todo esto, en el exilio parisino de los setenta, responsable de las emisiones en español de France Culture. Si resumo así su biografía es para señalar que su mirada sobre las artes era sumamente competente y que sus textos sobre arte bien habrían podido ser los de un crítico o un ensayista, pero su autor se esmeró en que no lo fueran en absoluto.

Su acertado subtítulo es Escritos sobre arte. Y eso son:
 palabras inspiradas en imágenes, un escribir que nace del mirar pero que no se agota en ello.Casi al contrario, ese punto de partida va quedando atrás y la literatura toma libre y plena posesión del discurso. En él está Ullán de cuerpo entero. A pesar de sus más de cuatrocientas páginas, los artistas presentes son sólo dieciocho, porque a algunos (Broto, José Luis Cuevas, Luis Fernández, Vicente Rojo, Juan Soriano, Zush y sobre todo Tàpies) les dedicó varios textos. A destacar también la procedencia: españoles o mexicanos. Fueron textos en su mayor parte escritos para catálogos y sólo en un par de casos se trata de artículos de prensa. El más antiguo data de 1966 y el más reciente de 2006.

A su manera, imprevisible y a veces desesperantemente oblicua, la escritura de Ullán
 logra trazar algunos retratos magistrales de los artistas en cuestión. Lo es el de Luis Fernández, el de Zush, el de Frida Khalo. En otras ocasiones, en mi opinión, la potencia poética excede por completo el marco conceptual y constituye una obra autónoma. Entonces nos perdemos en una narración que nunca es convencional ni en el tono ni en el vocabulario, ni en la forma de pensar ni en la de decirlo. Por su extensión y su aliento, a veces lleva a cabo lo que podrían ser casi pequeñas novelas. Es el caso de Francisco Peinado, para el que urde un asombroso pastiche en el que escucharemos a Peinado contar su vida “de puño y letra”.

Lo que resulta más sugerente de la escritura de Ullán es su capacidad de correr pareja a la pintura. No intenta disolver su misterio sino adensarlo.
 Textos que cubren la página con idéntica ferocidad que si utilizara un pincel, porque las palabras no están ahí para decir sino para ser. Sin embargo, no piense el lector que Ullán hace su obra a costa de los pintores. Hay una laboriosa construcción en su honor en cada uno de los textos, una ramificada aproximación a su obra. Lo que sucede es que no se trata de hablar de ellos, sino con ellos o desde ellos. Ha de ser el lector en que los vea al trasluz de estas páginas. 

25/10/14

Escritura experimental, expo en Madrid

 --Articulo de Elena Vozmediano en El Cultural)


Escritura experimental en España, 1963-1983

Círculo de Bellas Artes. Alcalá, 42. Madrid. Hasta el 11 de enero.2015 

Obras de Esther Ferrer incluídas en la exposición
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Es un archivo vivo, en el que aún caben (es un decir) nuevas adquisiciones, pero da ya para toda una vida de investigación. Lo componen más de 120.000 documentos y unas 2.000 obras de arte, estima José María Lafuente, su propietario. Se habían visto ya conjuntos de piezas más o menos amplios en exposiciones varias pero este año ha sido el de la puesta de largo, con tres muestras casi simultáneas que todavía se pueden visitar en Santander (sede del archivo) y esta en Madrid, que aborda uno de los ejes del archivo, la escritura experimental, desplegado previamente en Artium, Vitoria (2010), y en el Museo de Bellas Artes de Santander (2012), con nóminas más amplias que en esta ocasión: Javier Maderuelo, el comisario, ha evitado el enciclopedismo fatigoso y ha optado con buen criterio por hacernos conocer las figuras centrales de esta forma de creación, ciñéndose además a un período que va de 1963, año de fundación del grupo Problemática 63, con Julio Campal a la cabeza, a principios de los 80, cuando la era de la clandestinidad cultural se había cerrado ya y el acceso a la información artística internacional se había extendido.

Son 23 creadores que no podemos caracterizar de manera unívoca pues fueron poetas, escritores, músicos o/y artistas visuales. El propio Maderuelo, afirma Lafuente, debería haber formado parte de la exposición pues, aunque ahora actúa como investigador e historiador de ese capítulo mal conocido de la historia del arte español, fue antes uno de sus protagonistas. Los conocimientos de ambos sobre artistas y obras son abrumadores pero han conseguido ofrecer una síntesis que nos permite adentrarnos con paso seguro en un terreno aún por cartografiar y por apreciar en lo que vale.


La selección incluye, para completar el relato, algunas piezas de colecciones públicas como el MACBA, el Reina Sofía o la Biblioteca Nacional, donde se conserva buena parte de la obra de uno de los artistas más interesantes de la exposición, Felipe Boso, con un trabajo poético/plástico casi secreto, quien desde Alemania se afanó en concertar a los escritores experimentales españoles y que dio a conocer allí, mejor que en España, sus creaciones. Una de las enseñanzas de esta exposición es la tendencia prosperó gracias a algunos “líderes” que promovían la producción y la divulgación. Algunos de ellos venían de fuera de España, como Julio Campal o Alain Arias-Misson y otros viajaron e hicieron de puente con escenas artísticas foráneas, como José-Miguel Ullán, exiliado, o José Luis Castillejo, diplomático. Las iniciativas editoriales fueron decisivas para la posterior conservación de unos frágiles materiales con gran riesgo de desaparición. Y también el afán recolector de algunos de los autores, en particular de Fernando Millán, cuyo archivo compró Lafuente.

Hubo un pequeño foco vasco, a partir de Oteiza, Aguirre y Sistiaga, y un foco catalán, con Cirlot, Brossa y el compositor Mestres Quadreny (fantásticas sus partituras visuales). Pero buena parte de lo aquí relatado sucedió en Madrid, articulado sobre relaciones artísticas y de amistad, en grupos como el citado Problemática 63, la Cooperativa de Producción Artística y Artesana, con Ignacio Gómez de Liaño, Herminio Molero, Elena Asíns y Manolo Quejido, Zaj o el Grupo N.O. Encontramos en la exposición escritura en sentido estricto pero también otras obras con un componente plástico muy importante: así la película pintada a mano de Sistiaga, las “narraciones” en secuencias fotográficas de Ullán y de Millán, los collages postales de Liaño, la documentación de “acciones poéticas” de Molero y Arias-Misson o los planos del Rascabeto de Isidoro Valcárcel Medina. 

29/5/12

Jose Miguel Ullán. Poesía visual

Salamanca, 1944-Madrid, 2009), poeta e intelectual
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5/4/10

José Miguel Ullán. Codex de Poetas


Reseña biográfica
Poeta, traductor y ensayista español nacido en Villarino de los Aires, Salamanca, en 1944.
Es una de las figuras sobresalientes de la nueva poesía española.
Durante su estancia en Francia de 1966 a 1970, siguió los cursos de Pierre Vilar, Roland Barthes y Lucien Goldmann
en la École Pratique des Hautes Études. Ha mantenido una gran actividad dentro del periodismo cultural,
dirigiendo importantes publicaciones y programas en 
Radio Nacional de España, Televisión Española , Diario 16
y 
Editorial Ave del Paraíso.
Desarrolló una línea original de poesía visual publicando varios libros en colaboración con pintores y compositores.
Entre sus publicaciones, se cuentan además, «Amor peninsular» en 1965, «Mortaja» y «Antología salvaje» en 1970,
«Maniluvios» en 1972, «Visto y no visto» en 1993, «Razón de nadie», «Ardicia» y «Órganos dispersos» en 1994
y «Testículo de Anticristo» en 1995.
Falleció en Mayo de 2009.


De "El desimaginario":

Alegremente embarulló el peligro con el deseo, con el exceso.
Doblez bisexual:
Por dentro, lancinante procesión; antruejo pajarero a flor de trono.
Innecesario, 
otro estilo.
Alianza de orgullo y de agua escrita con el tizón del escarmiento.
No hay más cera que la que arde; ni poema encendido en la victoria.
Dicen que el corazón es el freno de la quimera.
Todo secreto proporciona un disfraz. Latir de indiferencia
nos predispone a la mentira.
Bajo esa incertidumbre, contemplamos la huella del eclipse
lunar: lábil azar, trastocado en dicha puntual y párvula.
¿Premio o castigo? Incorruptible privilegio, la duda.
Aunque dicen también que el corazón es la espuela de la cordura.
Poco importa el decir cuando no calla
a la larga...
¿Enmudecer? Tampoco. El poeta reclama espuela y freno.
El desconsuelo es su lenguaje; el vicio, su posada.
¡Que la mano congele esos tesoros!
Insensible a los cielos -otro espacio, otra estrella-, toca
madera y llama.

Jamás, en este amante, la sazón del racionero comedido.
Escucha el acto -precipicio impuro- y no el retoque del prejuicio
noble.
Lengua de fuego, beso fatuo y mudo sobre la piel de la pardal
gramática. Lejano siempre, el resplandor real del ya dorado y
reflexivo cuerpo. Y, pese a ausencia y sinrazón, con mil amores
clavó allí los ojos; desde los aires, supo ver (creerse) el epitafio de
un error durable.
Dispuso en verso la febril ceniza que eyacularon la invención
y el vuelo. Para mudar la voz en imprudencia gris -ripio solar
de su zozobra suma.
Maleficio condal: pedir cuentas al juego de palabras (vida);
abandonarse a la pasión (pecado) y, a la ventura, faltar contra el
orden (muerte).
Recomenzar hasta la aurora.
Y, al fin, quebrar la soberana argolla de la marchita libertad.
Pues ¿qué lujuria sin mazmorra grana?
Sagrado don, lascivo despilfarro. La poesía ilumina lo estéril
(el suspiro).
De esa quietud voluptuosa nace la gran sospecha gongorina:
sin exageración no hay paisaje; sin laberinto no hay rigor;
sin lujo no hay escritura.
El conde nos propone una salida, neutra y terrible a un tiempo:
maldecir.
Soberbia. Necesidad. Capricho. Resistencia.
Hacerlo todo. Contarlo todo. Cantarlo todo. Creerlo todo.
Precisión.
Nada esperar.
Sólo se logra paz en pensamiento. Y, sin sobrar, nos basta.
Serenidad del desterrado eterno.
Nudo final, cada caricia. Despedida sincera, cada signo.
Sólo su ejemplo es hechicero en patria de siluetas uniformes.
Aquí no hay coba: la cuchilla sabe.
Tatuaje
El semejante nos imanta. Afinidad condenada al reflejo, a la lectura.
Ése es el mal original.
Añadid prohibición a piedad tal y sólo entonces amaréis su ofrenda.
Un estertor superficial no basta.
Prever la hora y regresar, sumisamente, al barco cuando más sopla el huracán,
aun irrisorio, empieza a ser más justo.
Pero la estafa criminal redobla.
como venganza o saciedad, la epístola. Y no su clueco contrincante, el himno.